23 noviembre, 2008

Love is in the air




Anoche, mientras miraba la Sinfónica de Berlín por la tele, analicé minuciosamente todos los acontecimientos que tuvieron lugar en la semana que ya dejo atrás. Y entre los violines y las 30 mil personas que asistieron al evento, me ví a mí misma reflejada en la pantalla, sonriendo.

Para empezar, Pizzu nos dio un alegrón tremendo al confesar que abandonaba la soltería. Semejante anuncio nos agarró a todos desprevenidos, porque nadie sabía de la presencia de este nuevo muchacho en la vida de mi amiga.
Pero más allá de lo contenta que estoy por la noticia, rescato su coraje al decidir avasallarse contra todos los miedos que la soledad le había generado. Y a los cuales se estaba acostumbrando.

Siguiendo con mi Amiga del Alma a quien, hace unos meses atrás, el amor de su vida le confesó que no toleraba los kilómetros que separan Buenos Aires de Santa Fé, dejándola con enojos y lágrimas atragantadas.  
Resultó ser que, como parte de su duelo, se armó de un mecanismo para alejar a todo masculino que se le  acercara. Se volvió quisquillosa y selectiva, alejándose de los besos y de los amores casuales. Hasta que, finalmente, se cruzó con un apuesto prince charming en el consulado español. Lo rastreó por cielo, tierra y agua, hasta que lo encontró. Y hoy pasean por las aguas del Tigre, en el botecito del caballero en cuestión.

Juana, por su parte, sigue pactando encuentros con sus masculinos de la web. 
Es acompañada a recitales, como así también en los viajes del subte o en el piso de juegos del shopping Abasto. Estira sus redes con su simpatía y su sentido del humor. Conquista nuevos barrios y acumula encuentros para cuando termine de rendir. 

Yo, en cambio, abandono una semana de paseos por la 9 de Julio con Juan. De caminatas, charlas, carcajadas. De mensajes al celular cada vez con mayor frecuencia, y de sonrisas al encontrarme con ellos. De esperanzas crecientes. De ilusiones surgientes.
Traigo al presente la promesa de un beso que empezó como un juego, y que todavía no se hace realidad. Ese beso imaginario, que cada vez que Juan me lo recuerda me deja una sensación rara en la panza. Ese beso que puede acercarnos, o alejarnos (pero que nos acerque, ¿si?) ..


Y debe ser que algo flota en el aire. Algo que contagia, y hace sonreír.  Algo que me hace pensar que quizás, este fin de año, me sorprenda marcando un número de teléfono nuevo; o pidiendo nuevos deseos al chocar las copas en el último segundo; o señalar al cielo los fuegos artificiales, mientras que sujeto fuerte a una mano que me acompaña. Algo que ojalá se expanda cual pandemia y les llegue a todos, porque se siente muy bien.


22 noviembre, 2008

Premio Happy Ending =)




¿Cuántas veces escribí, de pequeña, y vivieron felices para siempre? ¿Cuántas veces lloré, creciendo, con las películas que culminan con un enorme beso apasionado que involucra a dos personajes que el destino se empeña en juntar? ¿Cuántas veces pensé, de grande, yo también quiero mi final feliz

Blonda me premió con un fuerte deseo de Happy Ending, y lo llevo orgullosa en mi blog. 
Frente a la consigna que suscita la nominación, me propuse escribir todo lo que implicaría alcanzar ese momento tan deseado. Sentada en la plaza que está frente a mi facultad, escribí. Observé, analicé, y escribí.

"Es encontrarlo, y que me encuentre a la vez. Es ser mujer, e ir por la vida con todos mis encantos sólo para él. Es tener toda esta sensibilidad a flor de piel, y contar con sus brazos contenedores anudándose en mi cintura. Es despertarme y verlo ahí, con su pelo revuelto, entre mis sábanas. Es desear ser una mejor persona al verlo sonreír. Es admirarlo, y saberme admirada por él.  Es acompañarlo, escucharlo, retarlo, amarlo. Es caminar de la mano, con arrugas al por mayor y miles de vivencias tras la retina, con la misma mirada enamorada de siempre."


Puede que con el tiempo agregue detalles. No creo que quite otros. Pero lo que sí estoy segura, es que me encantaría "descubrir un nuevo corazón en quien depositar tanto amor", como Blonda escribió. Gracias, amiga. De verdad.




Les regalo el premio a todos. Absoluta y completamente a todos. Pónganlo en donde más lo vean, y crean en que ese día llegará.
Ah! y también los invito a que me cuenten cómo es su final feliz.


19 noviembre, 2008

Viejos amigos




Muy cada tanto una ventanita del mensajero me sorprende titilando en mi escritorio. No es ningún amor pasado, inconcluso o desterrado. Tampoco alguna de mis amigas. Pero así y todo, me arranca una sonrisa distinta. Diferente de las otras, porque me doy cuenta que algunas amistades con el sexo opuesto pueden mantenerse a lo largo del tiempo. Sin cruzar nunca la delgadísima línea invisible que separa la
amistad del interés amoroso

Leo es parte de mi pasado. De aquél donde saltaba de novio en novio, sin fundamentos amorosos de trasfondo. De mi adolescencia rebelde, donde los colores se resumían en uno bien oscuro, y el vaso siempre estaba vacío. De la música estruendosa que invitaba a revolear la cabellera al son del rítmico repiqueteo de la batería. 
Leo es un viejo amigo.

Compañero de andanzas, de salidas de a cuatro, de chusmerío amoroso. De su parte, de la mía.
Compartíamos muchas cosas, ya que era un buen amigo del que fue mi primer novio. Además, en la misma etapa cronológica, comenzó una relación amorosa con mi Hermana. Asique ahí íbamos los cuatro: pululando felices y  huyendo del sol. Sin destino alguno y despreocupados, porque en ese momento podíamos ir así por la vida. Creando nuestras leyes e infringiendo las del mundo real. Adolesciendo...
El tiempo pasó, y yo cambié de novio (porque eso hacía en ese entonces, cambiar de pareja como si intercambiara figuritas repetidas hasta el hartazgo). Unos meses después, él también. 

Al tiempo de terminar el secundario, mi Amiga del Alma (que también pasó fugazmente por las garras de Leo) me pasó su dirección de correo. Hubo agregadas mutuas al msn, y reconmemoraciones de tiempos pasados. De ahí en más, todo se resume a unas charlas cada muy tanto, donde nos ponemos al día en parejas, facultad,  y vida social. De vez en cuando, él pregunta por mi Hermana. Yo nunca por su amigo.

Hoy me sorprendió. 
Tuvimos una conversación no fuera de lo común, pero algo de lo que dijo quedó resonando en mi cabeza. Hizo hincapié en que, a pesar de no vernos ni hablar muy seguido, tenemos la capacidad de descostillarnos de la risa entre tantas desgracias que nos acontecen. Y nos hace bien.
Su ventanita siempre titila cuando necesito ánimos. Como si Leo tuviera el don de poder ver cuándo estoy carente de optimismo, a través del monitor. Y ahí estoy para decirle que se mantenga firme en su decisión de jugar al juego del silencio con su ex novia actual, porque así él lo propuso.

Estamos, aunque no nos frecuentemos. Aunque yo ya no sea la novia de su mejor amigo, ni él la pareja de mi Hermana. Aunque ningún tercero en común nos reúna en su cumpleaños una vez al año. Estamos.

Este último tiempo estuve contemplando mentalmente algún acompañante para ver las obras de Mahler que dan en estos meses. Alguien que no aproveche esa invitación como una entrada a mi intimidad, ni tome ventaja de una salida que no pretende más que compartir las bellas sinfonías. Alguien que tenga un mínimo conocimiento de las obras en cuestión y que sea, a la vez, una buena compañía.

Así fue que terminé invitando a mi viejo amigo. 
Se que con Leo puedo jugar a ser yo misma, sin necesidad de escurrir mi mente inventando preguntas para ahuyentar los silencios ni controlar mis miles de gestos al hablar por temor al ridículo.
Se que voy con la tranquilidad que nuestra amistad genera en el ambiente. Sin supuestos avances ni ocultas indirectas.
Se que es él el acompañante ideal. 

La presencia de Leo me hace creer que todavía se puede guardar amistades en el cajón de los recuerdos. Y que solitos, como por obra de alguien, resurgen para cumplir ese lugar preciado que les pertenece, que se ganaron.
En este caso, ser un viejo amigo.

17 noviembre, 2008

Ejercitando el alma





Cierren los ojos. Imaginen un atardecer anaranjado, con destellos rojizos y rayos de sol jugando a esconderse entre las nubes que dibujan escalones en el cielo. 
Un mar inmenso debajo, con olas que se estiran hasta llegar a rozar los pies descalzos que se hunden en la arena.


Abran los brazos, como si pudieran volar. 
Sientan el viento.


Unos dedos extraños se entremezclan con los suyos. No, no giren la cabeza en busca del rostro dueño de ese mimo. Sientan.

De pronto las formas de esa mano, que ya sujeta la suya, se vuelve conocida. Y con firmeza la sostienen.




Cuando se sientan preparados, abran los ojos.. pero háganlo despacito. Como para que el regreso desde la imaginación deje una sonrisa dibujada en sus rostros.

Y después me cuentan quién sostuvo su mano.






15 noviembre, 2008

En el balcón, su versión

En un comienzo me sentía un tanto perdido, confundido con la propuesta de asomarnos al balcón... y no se trataba de vértigo. 
Allá, ¿no ves? Cerca de la ventana, que corre un vientito y está lindo, dijiste y me quedé un tanto colgado en la rareza del relato, por decirlo de alguna manera. Pero me pareció divertido seguir por ese camino y ver hasta dónde podría llegar el mismo.
Bueno dale, vamos, respondí, y como soy consciente de mis impulsos verbales aclaré: Si me llego a propasar, avisame ¿si? 

Es fundamental aclarar que en ningún momento la intención fue hacer enojar a la muy simpática señorita, pero la verdad es que su sonrisa era encantadora y -tarde o temprano- sabía que algún comentario podría molestarla (ella es muy sensible).

Volviendo a la supuesta realidad, efectivamente lanzaste mensajes un tanto amenazantes:  “no te subas ahí, que te podés caer” ó “y si te caes del 4to piso…”, pero claramente no me importaba demasiado. ¡¿Cómo podría una señorita con tal sonrisa enojarse?! No no no. Y entonces seguí avanzando por el camino.
- ¿Es vitalmente necesario que un individuo sea tu novio para darte un beso? Sólo eso, eh.. por ahora no digo nada más..
Y entre medio me preguntabas sobre calles de la ciudad, como para salir del embrollo - cosa que nunca conseguiste-, 
- Buen intento para desviar, reclamé. Pero para demostrarme que no era esa tu intención, a la vez que te armabas de una fortaleza sutil ante la situación, afirmaste:
- Si surge, y la situación lo amerita, hay besuqueo

Al verme envuelto en tu respuesta pensé que sería necesario decir las cosas con un tono un poco más claro, aunque vos entendías absolutamente todo pero te encerrabas en tu fuerte de comentarios que actuaban como un freno para mi imaginación. De hecho, el freno más evidente no se hizo esperar
- Pero yo no quise insinuar nada con "vamos a la ventana"

En ese momento me sentí como un chico cuando le dicen que Papá Noel no existe. Si en algún momento pensé en la posibilidad de besar a la señorita de la sonrisa perfecta, eso no iba a pasar e internamente me echaba la culpa de ello. Intenté lucharla, pero no funcionó
- Nada que ver; sí corresponde, argumenté; ¿por qué no?, no dije nada raro.. quería ver hasta dónde podía llegar
Una y otra vez. Estaba perdido, y nada lograba hacer cambiar de parecer a la dama.

Miraste hacia abajo y susurraste:
- Tengo frío, voy a entrar
Y ahí dije la frase que terminó por enojarte: 
- Yo, la verdad, te digo que el día que alguien logre llegar a vos, realmente presentámelo que lo felicito. Pero le hago un monumento, de forma impulsiva como no podía ser de otra manera.

Me preguntaste si te abría abajo: ya era el final, querías irte.
Para colmar tu paciencia, agregué:
- Pará pará... te doy mi campera (sonrisas), te agarro de la mano, y ¡tupá! un beso. Y no me importa lo que digas
La respuesta no fue satisfactoria,
- Sabés, si no me hubiera dolido tanto una de tus frases de más arriba, capaz me iba a dormir con una sonrisa. Adiós.





Aunque parezca mentira, esta situación me dejó una pequeña enseñanza: estuve mal en la frase que disparó la discordia, y la idea es controlar ese impulso traicionero para lograr el equilibrio.