10 octubre, 2008

¿Quién sos?

Estoy rota. Desganada.

Me esperaba un viernes maratónico en la facultad, y era imprecindible contar con un humor fantástico. Me percaté de levantarme con el pie derecho, y hasta planeé la ropa el día anterior. Todo estaba organizado de forma tal que no tuviera oportunidad de ofuscarme por nimiedades. Y así fue.
Desayuno, y a viajar se ha dicho.


En el trayecto hacia la facultad, el colectivo pasa por el hospital donde el Doc hace su Internado Anual Rotatorio, y desde que lo conocí juego a buscarlo entre las personas que llevan ambo. A sabiendas de que no lo voy a encontrar, porque estadísticamente no hay oportunidad de que suceda.
Hoy jugué. Y por primera vez, las estadísticas erraron.


A pocas cuadras del hospital, y caminando apurado, estaba él: tan bonito como siempre. Con su ambo blanco y su bolso de médico. Preocupado, porque quizá llegaba tarde.
Como estaba distraída, tardé en reaccionar. Abrí
grande-grande los ojos y sentí que mi respiración había cesado. Mi corazón saltaba. Mi cuerpo temblaba. La sonrisa me daba vuelta la cara. ¡Lo encontré!


En un tonto impulso le mandé un mensaje al celular, sin esperar respuesta alguna.. pero me equivoqué. Y por primera vez, hubiera deseado que su respuesta estuviera teñida de silencio.


Flori: Ja. Piedra libre para el doc yendo al hospital

(cinco minutos más tarde)
Doc: ¿Quién sos?

...

Y todo lo que había sentido antes, se revirtió con esa pregunta.
¿Quien soy? ¡¿QUIEN SOY?!
La imbécil que lo idealizó, creyéndole cuando me dijo que no iba a lastimarme.
La que creía que todavía me pensaba. Porque me daba letra para que así lo hiciera.
La que tuvo que entenderlo porque estaba a punto de recibirse, sobreestresado y con miles de responsabilidades en la cabeza. Y sin embargo nunca recriminé que el caballero me entendiera.. a mí! Que también me estreso, ni duermo bien, y me agoto. Esa soy.
La que hoy, de tanto atragantarse con las lágrimas en el colectivo, ya no puede más del dolor de ojos.
La que fingió sonrisas para ahuyentar un poco el dolor que se instaló en este cuerpo.
La ilusa que nunca borró los mensajes al celular que provenían con su nombre... esa también soy.

A quien se le fueron las ganas, las sonrisas, el humor fantástico que había recolectado. E hizo "crac", porque su desinterés le pegó fuerte. Muy fuerte.
Y recién ahora puedo llorar, y desatar el nudo de lágrimas que se me formó en los ojos a lo largo del día.
Salí brillando de casa y me apagué, de repente, en el trayecto. Salí preciosa, y volví hecha andrajos.

Me fui contenta y con ganas de tener un fin de semana de tranquilidad. Ahora no sólo soy una mezcla de odio, decepción y tristeza, sino que ya no me agrada la idea de estar sola. Con tanto silencio. Cuestionándome quién soy para él. O quién soy para mí.
Y mientras tanto leo y releo los apuntes. Los revoleo por los aires, me desquito con ellos. Pero los vuelvo a agarrar.
Porque la persona que se va a sentar el viernes que viene frente al exámen, soy yo. Aunque hoy no tenga ganas.

08 octubre, 2008

Fin de semana de soltera

Aprovechando que Abuela se va el fin de semana largo con sus amigas (si si, la edad no ofrece impedimento alguno a la hora de las escapaditas a la costa), y que su departamento queda deshabitado, he decidido instalarme allí hasta su retorno. Visto y considerando que es la última semana disponible para preparar el exámen, esta mudanza temporal parece ser el último recurso disponible para exprimir cada minuto de la cuenta regresiva.

Me mudo, entonces. Sola. Sin hermanos que interrumpan mis períodos de concentración, ni padres apropiándose de todos los espacios de la casa. Totalmente sola. Para organizar las 24 horas que tiene el día entre estudio, comidas, y descanso.

No es la primera vez que esto sucede.
El año pasado, en pleno apogeo de exámenes finales, Abuela hizo un viaje al exterior dejándome a cargo de su dulce hogar. Obviamente bajo mi desesperado pedido de un lugar pacífico donde poder estudiar tranquila sin los inconvenientes antes mencionados. Y así fue.

Sólo las plantas, la computadora, los libros, y yo.

El único inconveniente que genera toda esta situación es, justamente, que ya no tendré la comida hecha al mediodía, ni la habitación ordenada cuando regrese de la facultad.
Y que debo recordar sacar la basura a partir de las siete. O regar las plantas antes de que les dé el sol.
Y barrer.
Y lavar los platos.
Y hacer los mandados...


En fin, tareas del hogar que un adulto debe cumplir cuando vive solo.
¡Los mantendré al tanto!

05 octubre, 2008

Cuando reencarne quiero ser...


Los domingos en mi casa hay reunión familiar. Con asado preparado por Papá y Hermano Pequeño, y ensaladas varias condimentadas por Mamá. Del postre se encarga la Abuela.
A menos que alguna situación especial se presente (como domingos lluviosos, donde el menú se distorsiona y Mamá termina haciendo ñoquis de papa), siempre es así. 
Hoy, claramente, no hubo excepción.

Suena a un feliz almuerzo familiar, donde nietos-hijos-padres conversan acerca de la problemática economía internacional, o sobre las repercusiones que ésta tendrá en los mercados nacionales.. y también de los últimos chismes del mundo del espectáculo.
Pero no. 
Lejos está de ser así de sencillo el almuerzo. A duras penas logramos mantener una conversación por más de diez minutos, o chusmear sin que Mamá termine cruzando miradas de "en-mi-casa-no-se-mira-Tinelli" con Abuela.  Asique cada uno se ocupa de servirse un poco de ensalada y la achura que le plazca, y dejar salir algunas palabras -por momentos- de sus bocas llenas de comida.
Aunque hoy un extraño fenómeno natural, nos mantuvo más de media hora entretenidos. A todos.

Dos hormigas, una arañita. Las primeras disputándose a la segunda en una lucha incesante. 
Un largo rato estuvimos contemplando -y alentando- la batalla entre esos diminutos insectos. Y no sé si fue el hartazgo de estudiar toda la mañana el metabolismo lipídico, o bien que aquella insignificante guerra por conseguir alimento haya comprendido la situación más interesante de todo mi fin de semana, pero investigué. Busqué en Google, en miles de sitios (bueno, tal vez exageré con el número), y saqué conclusiones.

Frente a las distintas clasificaciones, decidí enfocarme en la más común: las obreras y las reinas. Y sí, como el rango lo indica, son las primeras quienes padecen las presiones evolutivas. Las Hormigas Reinas, en cambio, poseen una vida libre de complicaciones, depredadores y peligros externos, y a su cargo se encuentra la reproducción de la especie. Unas, sin las otras, nunca podrían perpetuarse a lo largo de los años.

Tras un largo rato de investigación (y la consciencia recordándome el abandono del estudio), surgió la pregunta inquietante. Y como no pude con mi genio, la expresé en voz alta.

Flori
¿En qué clase de hormiga me gustaría reencarnar? 
Tranquilamente podría ser una hormiga Reina, total, todos alimentan a mis futuros hijos. Me pasaría el día haciendo cucharita con el Zángano (vendria a ser "el sodero" en la comunidad de las hormigas; el amante), y no tengo que luchar contra otras hormigas por mi araña-cena. 
Pero, por otro lado pienso.. sería poco interesante y hasta aburrida mi vida. Entonces, sería obrera. Pero...

Cuando me di cuenta que hablaba en voz alta, ya mi Abuela se reía, Mamá no lo podía creer y mi Hermana no paraba de mirarme con su cara de "mejor-seguí-estudiando". Obedeciendo a sus muecas elocuentes, cerré las ventanitas del Google Chrome y reanudé el estudio. 
Pero dudando... ¿Hormiga Reina? ¿Hormiga Obrera?


Cuando reencarnen, ¿cuál quieren ser?

03 octubre, 2008

Cuerpo sin corazón

¿Qué sucede cuando el corazón se cansa de pelear batallas inconquistables; cuando las palabras de amor ya no se escuchan por los pasillos, y sólo ecos de lo que alguna vez fueron risas inundan la habitación; cuando "la cosa no da para más"? ¿Cómo reaccionar frente a la derrota del Amor, frente al triunfo de la Soledad? 
Porque resulta inevitable perder la confianza. En el otro. En uno mismo. En ambos. En esa relación que lleva un tiempo molestando, pero que hay que sostener. Para no estar solos. Para tener a alguien con quien compartir almuerzos con amigos. Para ser dos, en vez de uno.

Dejamos de creer. En el Amor, en la Felicidad, en nosotros mismos. 
Y nos entristecemos. Lloramos. Levantamos muros para evitar mostrar nuestra vulnerabilidad. Inventamos delgadas paredes que nos separen de otras risas, otros llantos, otras personas. Desconocidos que, tal vez, también hayan edificado muros o sutiles fortalezas por la misma razón.


Hoy lloré. Pero no por mí.
La congoja que siento en estos momentos proviene de él: mi Hermano Grande. Que está triste, porque su Fulana no sirve como pareja. Porque tiene que sostener una relación que tiene más bajas que altas, y un departamento recientemente alquilado por el lapso de poco más de un año. Que no sabe qué quiere hacer de su vida, pero se empecina en no crecer.

Él, que siempre esbozó las sonrisas más contagiosas, que nunca-nunca se enojó de verdad (sólo simuló hacerlo), que nos cela (a mi Hermana y a mí) desde su silencio de hermano mayor. Él, que tiene un alma generosa de nacimiento, que busca siempre molestarnos para pelear (sanamente) un rato.. él está triste.
Y a mí me hubiera gustado tener el súperpoder de sacarle todo rastro de tristeza de sus ojos llorosos, y pasármelo. Me hubiera encantado que, en aquel abrazo interminable de hermanos mayores, todas sus dudas y sus penas se disiparan. 
En su lugar, me encontré incentivando sus lágrimas con palabras muy maduras para los cuatro años que distan entre nosotros. Me sorprendí. Se sorprendió. Y lloramos, juntos. Abrazados.

Todos notamos la ausencia de su halo luminoso.
Todos advertimos la zozobra que desborda de sus ojos, el desgano de sus gestos, la lentitud de su andar.
Lo miro y pienso, ¿qué sucede cuando el corazón se da por vencido, pero el cuerpo continúa viviendo?





So, what happens when the heart just stops
stops caring for anyone?
the hollow in your chest dries up,
and you stop believing..

01 octubre, 2008

Adiós querido Septiembre

Septiembre se fue. Pero no sin antes dejarme, como regalo de despedida hasta el próximo año, una mini conversación con el Doc, dolores de panza y una duda existencial. 
¡Vaya despedida, querido Septiembre!

Hacía mucho que el bichito del msn del Doc no mutaba del gris-no-conectado al verde-ausente. Pero anoche parece que un milagro llamó a su puerta, y allí estaba. Burlándose de todos, mientras escuchaba Goo goo dolls.
Saludos rutinarios. Preguntas rutinarias. Silencio rutinario. Hasta que...

Flori
hacía mucho que no lo veía por estos pagos..
Doc
es que trabajo,
tengo dos trabajos..
aparte
no estuve bien psiquica y fisicamente

Y ahí comenzó. 
Todo en mí era un mar de nudos, que comenzaban en mi panza y continuaban ascendiendo, hasta perderse en mi pulso, acelerado por su inesperada respuesta. 
Como aquella vez en que me confesó que le gustaba una compañera de Medicina Familiar, y el dolor de panza no me dejaba dormir. Motivo por el cual me levanté, encendí la pc, y le escribí un mensaje explicando mi malestar. Recién ahí logré dormir en paz.
Aquella vez, los celos. Esta vez, una preocupación inmensa que oprimía mi pecho.

Mi amiga Pizzu, mientras tanto, me alentaba a iniciar una exhaustiva investigación. Y yo, sin ánimos de parecer demasiado interesada (pero muriéndome de intriga a la vez), le pregunté si me quería contar. Su respuesta lejos estaba de los monosílabos opcionales con que esperaba que me respondiera.

Doc:
ehm
de salud, la columna
psiquicas, hacerme hombre hombre

¿Qué clase de respuesta es esa? ¿Cómo hace uno para hacerse hombre-hombre?
Mi amiga Pizzu, que lleva más masculinos que yo a cuestas, no supo responderme. Pero barajamos varias opciones antes de preguntarle por una explicación: desde un cómico "será gay" hasta el agotador "no sé qué le pasa por la cabeza".

Doc:
buena pregunta, te cuento cuando termine todo esto

La conversación derivó en otras cosas. No pregunté más. No contó más nada, tampoco.
Sólo al final, cuando me despedía porque mis ojos ya no soportaban más tiempo el brillo del monitor, le dije..

Flori:
bueno caballero, fue lindo verlo por aquí
Doc:
lo mismo digo, damita
que descanse
 
Y el dolor de panza cedió.
Y una sonrisa agradecida asomó entre mi cansancio.

Octubre ha llegado. 
Y lo recibo con una duda existencial, que llevo conmigo de ahora en más. Hasta que "todo termine". O hasta que alguien (alguno de ustedes, tal vez), me explique lo que quiso decir.