Me esperaba un viernes maratónico en la facultad, y era imprecindible contar con un humor fantástico. Me percaté de levantarme con el pie derecho, y hasta planeé la ropa el día anterior. Todo estaba organizado de forma tal que no tuviera oportunidad de ofuscarme por nimiedades. Y así fue.
Desayuno, y a viajar se ha dicho.
En el trayecto hacia la facultad, el colectivo pasa por el hospital donde el Doc hace su Internado Anual Rotatorio, y desde que lo conocí juego a buscarlo entre las personas que llevan ambo. A sabiendas de que no lo voy a encontrar, porque estadísticamente no hay oportunidad de que suceda.
Hoy jugué. Y por primera vez, las estadísticas erraron.
A pocas cuadras del hospital, y caminando apurado, estaba él: tan bonito como siempre. Con su ambo blanco y su bolso de médico. Preocupado, porque quizá llegaba tarde.
Como estaba distraída, tardé en reaccionar. Abrí grande-grande los ojos y sentí que mi respiración había cesado. Mi corazón saltaba. Mi cuerpo temblaba. La sonrisa me daba vuelta la cara. ¡Lo encontré!
En un tonto impulso le mandé un mensaje al celular, sin esperar respuesta alguna.. pero me equivoqué. Y por primera vez, hubiera deseado que su respuesta estuviera teñida de silencio.
Flori: Ja. Piedra libre para el doc yendo al hospital
(cinco minutos más tarde)
Doc: ¿Quién sos?
Desayuno, y a viajar se ha dicho.
En el trayecto hacia la facultad, el colectivo pasa por el hospital donde el Doc hace su Internado Anual Rotatorio, y desde que lo conocí juego a buscarlo entre las personas que llevan ambo. A sabiendas de que no lo voy a encontrar, porque estadísticamente no hay oportunidad de que suceda.
Hoy jugué. Y por primera vez, las estadísticas erraron.
A pocas cuadras del hospital, y caminando apurado, estaba él: tan bonito como siempre. Con su ambo blanco y su bolso de médico. Preocupado, porque quizá llegaba tarde.
Como estaba distraída, tardé en reaccionar. Abrí grande-grande los ojos y sentí que mi respiración había cesado. Mi corazón saltaba. Mi cuerpo temblaba. La sonrisa me daba vuelta la cara. ¡Lo encontré!
En un tonto impulso le mandé un mensaje al celular, sin esperar respuesta alguna.. pero me equivoqué. Y por primera vez, hubiera deseado que su respuesta estuviera teñida de silencio.
Flori: Ja. Piedra libre para el doc yendo al hospital
(cinco minutos más tarde)
Doc: ¿Quién sos?
...
Y todo lo que había sentido antes, se revirtió con esa pregunta.
¿Quien soy? ¡¿QUIEN SOY?!
La imbécil que lo idealizó, creyéndole cuando me dijo que no iba a lastimarme.
La que creía que todavía me pensaba. Porque me daba letra para que así lo hiciera.
La que tuvo que entenderlo porque estaba a punto de recibirse, sobreestresado y con miles de responsabilidades en la cabeza. Y sin embargo nunca recriminé que el caballero me entendiera.. a mí! Que también me estreso, ni duermo bien, y me agoto. Esa soy.
La que hoy, de tanto atragantarse con las lágrimas en el colectivo, ya no puede más del dolor de ojos.
La que fingió sonrisas para ahuyentar un poco el dolor que se instaló en este cuerpo.
La ilusa que nunca borró los mensajes al celular que provenían con su nombre... esa también soy.
A quien se le fueron las ganas, las sonrisas, el humor fantástico que había recolectado. E hizo "crac", porque su desinterés le pegó fuerte. Muy fuerte.
Y recién ahora puedo llorar, y desatar el nudo de lágrimas que se me formó en los ojos a lo largo del día.
Salí brillando de casa y me apagué, de repente, en el trayecto. Salí preciosa, y volví hecha andrajos.
Me fui contenta y con ganas de tener un fin de semana de tranquilidad. Ahora no sólo soy una mezcla de odio, decepción y tristeza, sino que ya no me agrada la idea de estar sola. Con tanto silencio. Cuestionándome quién soy para él. O quién soy para mí.
Y mientras tanto leo y releo los apuntes. Los revoleo por los aires, me desquito con ellos. Pero los vuelvo a agarrar.
Porque la persona que se va a sentar el viernes que viene frente al exámen, soy yo. Aunque hoy no tenga ganas.



