
- ¿Vamos para allá?, y señalé el balcón. Me miraste extrañado, pero seguiste mis decididos pasos. Hacía calor y afuera un fresco viento adornaba la noche. -Si fumara, éste sería un momento ideal- Y sonreí mientras miraba la gente pasar.
Nos escapamos de la discusión que había surgido dentro de las cuatro paredes que nos sofocaban del calor. Al parecer, el alivio generado por el viento nos devolvió la calma. Y una conversación nueva afloró.
- Es vitalmente necesario que un supuesto individuo sea tu novio para.. ¿darte un beso?, preguntaste mirando al horizonte.
- ¿Estamos hablando de algún sujeto en especial?, respondí con una sonrisita pícara.
- Algún sujeto que podés conocer en el boliche, qué se yo. No es necesario que sea de toda la vida... Pero eso sí, te tiene que gustar al menos físicamente o de cara, teniendo en cuenta que no lo conocés en otros aspectos.
- Mirá, (..) no voy "en búsqueda de..". Si surge, y me parece que la situación lo amerita, sí.. hay besuqueo.
- ¡Qué difícil está la cosa, eh!, y te reíste.
- Un mínimo de conversación tiene que haber. Sino, es sólo una cara bonita. Y mi risa acompasó a la tuya.
- Vos me dijiste "vamos al balcón". Seguimos hablando, suponiendo que con lo feo que soy te guste un 10%.. y bueno, yo intento algo (mis ojos se abrían grandes grandes, no comprendían).. sutilmente.
Por alguna razón, mi invitación a tomar un poco de aire fue malintencionada por tus pensamientos. Insinuaste que había otras intenciones detrás de mi sencilla huída de la discusión anterior. Como si hubieras leído entre líneas un mensaje que no existía.
Y me defendí.
- Sólo fue un: "quiero tomar aire, y salgamos de esa discusión".
- ¡Sabés que no! No te cierres, y te reías divertido mientras mi cara tomaba una expresión de descontento. - No me desubiqué, aún.
- Estás llevando la conversación a un nivel que no corresponde. No ves que no se puede, con ustedes..
- Sí corresponde, no dije nada raro. Quería ver hasta dónde podía llegar ...
- Retrocediste mil casillas, interrumpí mirándote a los ojos. Silencio.
- Siempre voy a retroceder porque vos seguís buscando todos los detalles. Sos muy cruel en estos temas. Y no me mirabas más.
- Tengo frío, voy a entrar.
- Yo, la verdad, te digo que el día que alguien logre llegar a vos realmente presentámelo que lo felicito. Pero le hago un monumento. ¡Va a ser un tipo fantástico!
De no haber estado a espaldas tuyo, hubieras visto cómo se me llenaron los ojos de lágrimas. Me sentenciabas a una soledad eterna, por mi falta de confianza o mi crueldad sin motivos aparentes. Me alejabas tanto de aquello que yo consideraba mi final feliz. Vos, con quien me reí muchas veces, ahora me decías todo lo que necesitaba para que la risa se transformara en lágrima.
No me permití que vieras esa debilidad. No iba a darme vuelta y bajar mi defensa, para que vieras el daño que acababas de hacer. No.
- Ya fue. Tengo sueño y el toque de queda se pasó hace rato. Con toda mi integridad, te respondí.
- Entonces entrás nomás, ¿porque tenés frío?
- Ajam. ¿Me abrís abajo?
- Pará, pará..
Te acercaste y me diste tu campera a la vez que sonreías, como tramando un plan macabro. La acomodaste en mis hombros, y seguiste el trayecto de mis brazos. Te encontraste con mis manos, y las sujetaste. Firme.
Mis ojos acompañaron el camino recorrido, y pasaron de nuestras manos a tus ojos, en búsqueda de una explicación. Y ahí nomás, sin preámbulo que anticipara tu accionar, me diste un beso.
Fueron segundos, en los que a tus labios no les importaba lo que los míos pudieran decir, y en los que mis ojos todavía seguían haciendo esfuerzos sobrehumanos para retener el llanto.
Era nuestro balcón, nuestra pelea, nuestro beso. Y fueron segudos que, de haber estado bajo otra circunstancia, podrían haber durado minutos.
- Sabés, si no me hubiera dolido tanto una de tus frases, quizás hoy me iba a dormir con una sonrisa.
- Uy..
- Dejá, le pido al portero que me abra.. ah, y gracias por la campera.
Y me fui, con el sabor de un beso nuevo y el eco de unas palabras que seguían resonando en mi cabeza. Me fui, y vos te quedaste ahí, inmóvil, detenido por mi pensamiento y mis palabras. En el balcón, nuestro balcón.


