11 diciembre, 2008

Olor a Jazmín

En diciembre, mi casa huele a jazmín. El living, los cuartos, el jardín. Todo está impregnado con el dulce aroma de esas delicadas flores, que adornan las mesas en floreros de vidrio. Todo.

Particularmente este olorcito me encanta. Recuerdo que desde pequeña me gustaba amanecer con el arbusto lleno de pimpollos y, a medida que trascurría el día, verlos florecer. Un antes y un después que para mi corta edad significaba mucho más que cualquier germinación fructífera de primaria.

Ya más de grande, me emocionaba con la idea de que alguno de esos amores de la adolescencia se apareciera con un ramito sorpresa sólo para mí. Y sólo una vez así fue.
Mi primer novio, Maxi (el mejor amigo de mi viejo amigo Leo), un día estiró sus manos al verme y esbozó un tímido "tomá, para vos". Alcanzándome las florecillas adornadas con una cinta cuyo color ya no recuerdo, a la vez que la vergüenza le hacía bajar la vista. Pero nunca supo él, que su precioso gesto se me grabó en la retina para siempre.

Los años que siguieron, teñidos de amores pasajeros, me encontraron mirando desde la ventanilla del colectivo a los cientos de vendedores de jazmines que se acumulan en los semáforos en rojo. Preguntándome cuándo volvería a sorprenderme con un ramo acompasando miradas enamoradas. Envidiando a las manos que asomaban por las ventanillas de los otros autos, comprándolos para sus amores.

Hoy me siento en el living a estudiar, y veo a mis flores favoritas adornar el florero trasparente. Inundando el ambiente de un aroma que incentiva mis sonrisas y el recuerdo de aquél primer ramito. Trayendo paz a mi mañana de libros y apuntes. Disolviendo mis nervios y conjeturas. Acompañándome.

Mi mamá se pasa todo el año cuidando su arbusto: lo poda, lo cura de los bichitos que arruinan las hojitas verdes, lo riega. Son cerca de diez meses de cuidado, para casi dos meses de pimpollos que florecen. Entonces mi mamá los corta, y los ubica en determinados lugares de la casa. En esos lugares donde solo ella sabe que perfumarán todos los ambientes.


08 diciembre, 2008

Árbol de Navidad




Hermano Pequeño: Mamá, ¿te acordás de éstas?
Mamá: Sí, tienen como veinte años. Que no se te caigan, porque esas son de las que se rompen en miles de pedazos.. y los vas a juntar vos.
Hermana: ¡Vas a tener que barrer hasta en la cocina!

(Risas)

Flori: Che, hay que comprar más pastito. Ta bien que sean pobres, pero no escatimemos en el pastito.. sino los camellos no van a poder comer nada. 
Hermana: ¡Como si se fueran a morir de hambre! Son de PLASTICO
Flori: Nooo... hay uno que es de porcelana. ¿Será de otra especie?

(Risas)

Hermano Pequeño: ¡noo, mirá esto! (sentado en el suelo, revisando los adornos navideños)
Hermana: ¿sabés de dónde te podés colgar éso? 
Flori: Chee, ¿dónde quedó el espíritu navideño?
Mamá y Hermana: ¡Acá no!

(Risas)




No. No armamos el arbolito este año. Nadie tiene ganas de pincharse con esas ramitas de plástico que tanto fastidian con este calor. Nadie quiere adornar ese metro cincuenta con bolitas de vidrio que conocemos hasta el hartazgo. Nadie quiere probar las luces para ver si andan, y dar vueltas alrededor del árbol acomodándolas. Nadie.

Asique fue unánime la decisión. Ésta será la primer Navidad sin Arbolito. La primera vez que no pasamos una tarde entera discutiendo la edad de los adornos, ni si hay que poner -o no- al niño Jesús en el pesebre.
Recuerdo, sin embargo, los clásicos comentarios que nunca-nunca faltan. Se me vuelven casi tangibles las imágenes de otros años, donde sí seguíamos la tradición. Cuando la inocencia ganaba por cansancio, y lo armábamos igual.

Hoy fue distinto, por primera vez. Yo estudié; mi Hermana estudió y disfrutó de la pileta, junto con mi Hermano Pequeño; Mamá se ocupó de su jardín. Nadie dijo nada del árbol. Nadie tenía ganas. Nadie.

06 diciembre, 2008

Y entonces...

Y entonces me canso de todo, y subo la persiana de la ventana que da al patio. El sol amenaza con altas temperaturas para todo el día, pero no me importa. Que se anime a entrar; que cambie el aire de muchos días de lluvia, pienso.
Prendo la computadora y chequeo rigurosamente los mails, como de costumbre.
Sigo pegando cartelitos en los bordes del monitor, para no olvidar -esta vez- la fecha de inscripción al final de Bioquímica. Y me pone contenta darme cuenta que estoy a unos pasitos del tercer año de mi carrera. Y me felicito por todos mis logros de este año.

Y paseo por mi itunes, mientras recuerdo el reto de mi Hermano Grande por tener 20 gb de música total y completamente desconocida para él. Claro que el reto fue por la cantidad, y no la calidad.. pero mientras él siga agrandando la capacidad del disco, no pienso bajar ese número que semeja mi edad.
Augustana, Athlete, Brett Dennon, ¿Goo goo dolls? ¡Ya sé!, a la vez que le doy play.

Y entonces salto, y canto.
Preparo el baño para la ducha matutina y para sacarme los restos de una (otra) noche de poco sueño. De paso aprovecho y me desprendo también de las palabras.
Me paseo por la casa, oh hurricane; barro la cocina, what you gonna do to us this time?; me baño, oh oh hurricane.

Y entonces, cuando ya estoy mejor, cruzo al quiosco y compro bizcochitos para acompañar al mate.
Y entonces, me pongo a estudiar, tarareando oh oh hurricane.




05 diciembre, 2008

Extrañando

Seis meses atrás mi celular anunciaba un mensaje nuevo, sin leer. Creía saber de quién era, aunque desconociera el motivo por el cual lo enviaba.

Doc
te extraño un poco, muñeca

Así, de la nada, él inauguraba la sesión de palabras que demostraban lo interesados que estábamos en el otro. Sesión que se extendería hasta desaparecer en las silenciosas noches donde el simple recuerdo de ese mensaje era el bálsamo para poder dormir.

Seis meses depués, similares palabras, más directas, inician un sinfín de lágrimas. Porque en el medio nadie las mencionó, nunca. Y entonces no se me formaba este nudo en la panza, con toda esta angustia y estas ganas de arrancarme el recuerdo y dejarlo afuera, junto con los zapatos.

Aún sabiendo de mi desinterés, y sin parecer importarle mucho, Juan generó la oportunidad ideal para escribir la causa de mis lágrimas. Que hace tiempo no salían a la superficie, y a cuya ausencia ya me estaba acostumbrando.

Juan
te extraño

Y de pronto me siento ultrajada; como si hubieran violado la impenetrable muralla que me rodea, dejándome indefensa y a la vista. Porque no tiene que decírmelo, por más que lo sienta. No corresponde que lo haga, porque ya conversamos acerca del asunto, y llegamos al acuerdo de que él iba a controlar estas cosas que desencadenan discrepancias en nuestros sentimientos. 
¡Juan lo prometió! Y yo le creí, como de costumbre.

Cierro la conversación, deseando que con ella el tema también concluya. Pero no lo logro, y damos vueltas por un laberinto de palabras; me encuentro con miles de salidas posibles pero no me atrevo a tomar ninguna. Me quedo espectando el final, el momento de la despedida, ya sin lágrimas. Pero dolida.






03 diciembre, 2008

De pensamientos y decisiones

Hasta ahí. Ni un paso más. Cualquier movimiento que él realice, equivaldría a un suicidio. Porque mi pensamiento detuvo a Juan en un pequeño espacio, de dos por dos, y cualquier movimiento en falso -o cualquier movimiento en sí- lo llevaría a su trágico fin.

Tal vez haya sido la lluvia; tal vez el frío. Pero fuera por quien fuere, se disolvió aquel interés de mi parte hacia él dejándome desinteresada y hasta silenciosa. Quizás fue su confesión lo que desencadenó este desgano por verlo.
"Hay un problema: vos querés algo serio.. y yo no", y ahí empecé a armarme nuevamente de mis defensas. Volví a levantar murallas para que no notara esta amarga decepción, ni viera mis vulnerables deseos de querer algo más que una simple amistad con besos casuales.

Su sustento comenzó a achicarse, desde entonces. Mi pensamiento recorta centímetros de su peldaño hasta dejarlo tan estrecho que un simple movimiento podría hacerle perder el equilibrio. Y Juan se mueve buscando respuestas a mi silencio, a mis tratos cortantes y hasta fríos. Juan pregunta, insiste. 
Es que hicimos un pacto. Si el prometido beso cambiaba esta amistad que creamos con el tiempo, alejándonos, pues entonces serían descartados aquellos derechos que aún no logro comprender del todo. Yo cambié, a pesar de haberle dicho que seguía igual que siempre. Juan me descubrió, y continúa desplazándose entre preguntas en su pequeño soporte.
Y será que fui al encuentro con un hermetismo impropio e inusual en mí. Y será que cerré los ojos para verme a mí misma, y comprender que no servía de nada intentar chocarme con la misma pared. Que ésta no iba a romperse por más ganas que yo tuviera, ni sus ladrillos dejarían huequitos de esperanza a mi ilusión.

Por eso no voy a seguir el juego de las citas y los besos con alguien que camina en dirección opuesta a la mía. No voy a volver a enamorarme haciendo caso omiso a las advertencias. A los "saldremos hasta que un día dejemos de hacerlo". No. No voy a volver a pasar meses llorando porque un cobarde no se animó a pasar más tiempo conmigo. 
Aunque ahora sea Juan quien quiere intentar algo más; quien apuesta a estos aires de amores renovados e inesperados. Y aunque ahora soy yo quien no tiene ganas, quien pisa el freno y se detiene. Porque ya no me conformo con palabras engalanadas de ternura, ni promesas de cuidados eternos. Pero tampoco juego al silencio, porque sé cuánto duele. 

Lo miro balancearse en su espacio, amenazado por mi pensamiento. Pero decido retirarme de todo esto; abandono todo intento de lograr un fin de año distinto al anterior. Cierro puertas y ventanas porque me cansé; y me dispongo a juntar energías para terminar estos días de la mejor manera posible, y comenzar el año nuevo mejor aún.