09 diciembre, 2009

Avión de despedida

Hace un tiempo atrás, en una mañana de miércoles frío y receso invernal boicoteado por exámenes pendientes, armaba un avioncito de papel que llevaba un mensaje de adiós en sus renglones. Eran mis letras las que adornaban las alas del aeroplano que jamás supo volar y que nunca se extendió por los aires hasta llegar a los ojos de donde solían colgarse mis pensamientos. Era una canción invadida de preguntas sin respuesta el contingente que se sometía a la frágil travesía de sobrevolar una típica tormenta de Julio que daba tregua sólo al amanecer. Eran mi escape y punto final aquél avión, aquellas letras, aquél adiós.

Estaba lejos, muy lejos de casa. 

Estaba sola -también- esa mañana de miércoles. Excepto por mi avión, por Glen Hansard y por el perro que cada tanto ladraba desde el patio. 

Caminé hasta la plaza más cercana para presenciar el despegue de una despedida en papel que nunca me obsequiaron en carne y hueso. 
No solté pañuelos blancos al aire, ni mis manos se movieron en un vaivén frenético. No se perdió mi mirada en un horizonte infinito, ni se me nubló el foco. No dije ninguna palabra, ni emití ningún sonido. En mi silencio, en mi quietud, en mi cautelosa manera de remontar ese avión de papel existía un pacto silencioso para conmigo misma: el de iniciar el interminable proceso del desapego. 
Y así fue como regresé a la rutina. Como regresé a casa.

Después de ese viaje, nunca más .

Hasta ahora, que me toca volver vestida de fiesta. Con la invitación de un casamiento en una mano y el alma siempre tan sensible en la otra. Haciendo eco con los tacos para ahuyentar el sonido que hacen mis pensamientos cuando se vuelven en mi contra. Enfundando la tristeza para cuando vuelva a casa, con un nuevo intento pendiente.

Vuelvo tal como me fui aquella vez. Con la certeza de que siempre (pero siempre, siempre) me cuesta horrores este tema del desprendimiento.



5 comentarios:

Sherezade dijo...

Flori, Flori, aayyy Flori!!!.

A medida que te leo, palabra por palabra, emoción por emoción, voy creyendo más certero que soy yo la que escribe.

Puedo notar aquel interminable proceso del desapego, tu alma her_Ida, tus tacones lejanos, el corazón siempre, siempre en la mano.

Te leo por segunda vez para volver a notar las sensaciones de tu vivencia. Sin pretenderlo apoyo mi barbilla en la mano, suspiro, evoco, comprendo y digo despacito:

- ¡¡Flori, Flori, aahhyyy Flori ...!!

Diego dijo...

El apego es un delicado equilibrio, para no estar dando vueltas en el vacío, pero tampoco anclado al fondo del océano por las emociones. Ojalá con el tiempo lo puedas encontrar.
Besos.

Acuña Carlos dijo...

vuela y que de alguna forma todo quede abajo justo donde esperas que queden...

Blonda dijo...

Ay, peque...adónde estás volviendo? a dónde yo imagino?
Por favor...despejame las dudas. De premio,yo te hago un avioncito nuevo con papel de seda de algún color lindo =)

te quiero, te extraño. Todo junto.

besotines voladores

manu dijo...

Y..son las cuestiones inevitables que se tornas invencibles de olvidar, por más que la lógica y la razón estén a favor nuestro. No se entiende ni se comprende esta necesidad cruel de estar a al borde, a un centímetro, dos segundos, a un suspiro….a un pasito….de sucumbir…nuevamente.

Salutes!