Me mudo, entonces. Sola. Sin hermanos que interrumpan mis períodos de concentración, ni padres apropiándose de todos los espacios de la casa. Totalmente sola. Para organizar las 24 horas que tiene el día entre estudio, comidas, y descanso.
No es la primera vez que esto sucede.
El año pasado, en pleno apogeo de exámenes finales, Abuela hizo un viaje al exterior dejándome a cargo de su dulce hogar. Obviamente bajo mi desesperado pedido de un lugar pacífico donde poder estudiar tranquila sin los inconvenientes antes mencionados. Y así fue.
Sólo las plantas, la computadora, los libros, y yo.
El único inconveniente que genera toda esta situación es, justamente, que ya no tendré la comida hecha al mediodía, ni la habitación ordenada cuando regrese de la facultad.
Y que debo recordar sacar la basura a partir de las siete. O regar las plantas antes de que les dé el sol.
Y barrer.
Y lavar los platos.
Y hacer los mandados...
En fin, tareas del hogar que un adulto debe cumplir cuando vive solo.
¡Los mantendré al tanto!

